TABLA SIMBÓLICA
Susurro
Juliet llevaba todo el día oyendo un extraño susurro que la estaba poniendo nerviosa. No se lo comentó a Artemis ni a Mayordomo, que andaban ocupados con sus jueguecillos de capturar duendes. Se tomo un par de Aspirinas, nada común en un Mayordomo, pero necesitaba que esos malditos susurros callasen de una vez. No los entendía, hablaban muy bajo y con voz pausada, podría ser que hablasen una lengua que ella no conocía, pero era difícil determinarlo.
Artemis y su hermano deberían haber llegado hacia dos horas, pero cada vez los susurros se hacían más repetidos, continuados y fuertes, pero seguía sin entender nada. Al poco le resonaban en la cabeza como si tuviese un altavoz en cada lado del cráneo. Juliet chillaba, se retorcía y se arañaba. Se tiró al suelo porque le flaqueaban las piernas.
Seguía chillando cuando Artemis llegó y la encontró en el suelo, retorciéndose entre sangre, que se había causado con las uñas.
Juliet ni se enteró de la presencia del chico, solo escuchaba la voz, que ahora era tan potente que parecía aplastarla.
Artemis no paraba de chillarle a Juliet, pero era inútil, la chica no respondía a nada.
Juliet siguió chillando a esas voces hasta que su corazón no lo aguanto y se retorció por últimas vez, antes de sentir como las voces se apagaban y se alejaban y ella cerraba plácidamente los ojos para dormirse para siempre, en paz.
Grito
Artemis oyó un grito de su madre. Ignoraba si había habido anteriores, pero le pareció un grito horrible, de esos que te calan los huesos.
Artemis no pudo evitar mirar por la cámara de seguridad que tenía en el cuarto de su madre, pero no la vio, debería estar en el punto ciego de la cámara, justo delante de la ventana.
Subió.
Entró con cuidado, preguntando en voz alta a su madre si se encontraba bien. Nadie respondió.
Una vez dentro vio que su madre estaba de espaldas, mirando hacia fuera, sin moverse. Llevaba un bonito vestido blanco que le había regalado su padre. Avanzo lentamente hacia ella, analizando la situación.
Justo al llegar donde estaba le toco el hombro. Estaba liso y frio como el mármol.
"¿Mamá?" fue lo único que susurro Artemis, antes de girar el cuerpo sin vida de su madre y encontrarse a la capitana Canija delante, con una gran espada, que dijo:
- Sorpresa!
Abismo
La madre de Artemis llevaba cinco días soñando lo mismo. Ella andaba por una montaña, entre los cantos de los pájaros y notando como las piedrecitas y la hierba le acariciaba los pies. De repente, todo parecía oscurecer y se encontraba dando el último paso antes de caer por un barranco. Caía largos ratos, ahogándose en sus gritos en lo que parecía ser un gran abismo en la tierra, de fondo negro y amenazante. Siempre despertaba con las sabanas mojadas de sudor.
Era una pesadilla que la atormentaba cada día y le impedía conciliar el sueño de una manera normal. El solo hecho de pensar en cómo la rozaba el aire, extrañamente caliente, al caer, le producía escalofríos.
Un día Juliet observo el hecho que la madre de Artemis llevaba días sudando severamente y, junto con Artemis, vio en las cámaras que tenía muchas pesadillas.
Como era imposible mantener un diálogo normal con ella, a causa de su enfermedad, Artemis le recetó él mismo unos medicamentos especiales, que parecieron surgir efecto los primeros días, pero los siguientes vieron que el problema incluso había aumentado.
Artemis intentó mantener una conversación con ella, de la que solo sacó "No, el abismo no por favor no, no,no,no..." de la boca de su madre.
Así ella continuó soñando con el abismo un día detrás de otro, hasta el fin de sus días, el cual vio como no despertaba al caer, sino que iba cayendo infinitamente viendo aproximarse esa mancha roja, que la engullo para siempre.

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